En una prueba pública de fuerza, un hombre desconocido se presenta y atrae miradas; los presentes, incluidos Manu y Julián, lo consideran un farsante y se burlan al verlo usar mal el dinamómetro. Tras pedirle que golpee con el puño en la zona negra del centro, la expectación sube: al impactar, el aparato marca 200,000 kilogramos, el límite del equipo. El personal reconoce que la cifra supera la capacidad de la máquina y pasa de la burla al asombro. La lectura tope y la exclamación '¡Lo encontré!' dejan al grupo desconcertado y la repercusión inmediata sin resolverse.