Carlos anuncia su divorcio a Luisa, quien se enfrenta a la amenaza de perder la casa, el coche y la custodia de su hija Noa. Luisa rechaza la separación sin obtener algo a cambio y reclama su reciente ascenso a directora general. Carlos la acusa de infidelidad, pero ella le muestra su celular para demostrar lo contrario. Durante la confrontación, Carlos revela que quiere dejar todos los bienes a su hijo, usando a Noa como moneda de negociación. La situación empeora cuando Noa cae en cuidados intensivos, dejando en suspenso el futuro de la familia y el divorcio.