Laura exige que le peguen con fuerza para castigar a Luna, quien le quitó la empresa. Mientras insiste en recibir los golpes personalmente, otros intentan disuadirla, pero ella se mantiene firme y ofrece una recompensa para impulsar la violencia. Luna se siente culpable y acepta la autoinfligida humillación como penitencia. Sin embargo, al final se revela que Laura fingió esta actitud para atrapar a Luna y asegurarse de que todo el sufrimiento recaiga sobre ella, dejando abierta la consecuencia inmediata de esta trampa emocional y física.