Después de que la madre pague el tratamiento de Meli pero amenace con venderla al recuperarse, alguien cercano promete proteger a Meli a toda costa. Raúl muestra un incremento en afecto hacia la familia, reflejado en puntos de gratitud que se usan para comprar comida nutritiva para los niños. La abuela reconoce su error y pide dejar de hacer sufrir a los niños huérfanos. A pesar de las dificultades, ella prepara un desayuno sencillo para mejorar su situación. Los niños insisten en trabajar y estudiar, mientras se enfrentan a la escasez y la tensión creciente en la familia.