Después de un accidente, Pedro insiste en llevar primero al hospital a una madre y su hija heridas, pese a que va contra las normas que exigen atender a todos simultáneamente. La niña, Mía, pide a su madre que le diga a su padre que no está enfadado con ella mientras su condición empeora, revelando su culpa y miedo a no ser buena ni obediente. A medida que la situación se agrava, la madre lucha por mantener despierta a Mía, quien amenaza con dormir y posiblemente perder la conciencia. El episodio termina con un llamado desesperado de Pedro pidiendo ayuda urgente.