Silvio y otros personajes recuerdan la antigua guerra entre demonios y dioses, que terminó en un empate con Luna renaciendo y Estela dormida. Silvano vigila el Río del Destino, esperando su despertar. Frente a la amenaza de Luna, Silvio entrega dos reliquias, la Espada de Solarius y el Arpa de Fuxis, a los elegidos Selena y Gael, con la misión de destruirla antes de que alcance su máximo poder. Aunque ellos tienen poco poder ahora, se preparan para enfrentarse a Luna, mientras Silvio advierte que el verdadero poder de sus reliquias despertará cuando se conviertan en demonios. El episodio termina con Silvio inquieto por la presencia de Silvano.