Gael enfrenta la acusación de que dos almas rotas de los Guzmán, consideradas culpables de su caída, deben ser liberadas para evitar revelar secretos mortales. Mientras un diálogo tenso revela que entre dioses y mortales existe un abismo que justifica un castigo, Gael recuerda que fue humillado, perdió a su madre y su familia en un incendio que él mismo provocó. Aunque no deseaba caer, acusa al cielo de obligarlo. El episodio culmina con Gael desafiando la autoridad divina, dejando abierto el conflicto entre su destino impuesto y su deseo de venganza.