Una prisionera despiadada sigue encerrada en la celda de agua bajo la estricta vigilancia del alcaide, conocido como el Rey Infernal. Ella desafía su autoridad, insistiendo en que solo durmiendo con él podrá detener la destrucción de su linaje. Después de tres años de frialdad, el alcaide muestra signos de debilidad debido a un veneno frío. La prisionera, llamada Fátima, se atreve a confrontarlo directamente, desafiando su poder. En un giro inesperado, él decide cuidarla en lugar de castigarla, marcando un cambio crucial en la dinámica entre ambos y dejando en suspenso qué pasará a continuación.