Fátima acaba de salir de prisión y enfrenta la presión de su familia para que firme las acciones que heredó y las ceda a Rosi, quien la desprecia y la humilla públicamente. Rechaza ser tratada como un 'perro callejero' y un chivo expiatorio, mientras defiende su dignidad ante las provocaciones. Decidida, anuncia que recuperará su identidad, inocencia y patrimonio, reabrirá el caso que la condenó injustamente y hará pagar a quienes la traicionaron. Además, protege la seguridad de su hija, la única persona que la ama, dejando abierta la incógnita de cómo llevará a cabo su plan.