Celia y el hombre que la cuida enfrentan un momento crucial al prometer cambiar su relación para mejor. Él reconoce sus errores pasados y le pide una oportunidad para amarla y cuidarla adecuadamente. La escena se desarrolla en un ambiente familiar donde le ofrece dos muslos de pollo, gesto que alegra a Celia y simboliza un nuevo comienzo. Ella finalmente acepta el cambio, agradeciendo el gesto al señalar que es el cumpleaños más feliz que ha tenido, mientras él revela su sorpresa y la promesa tácita de un vínculo renovado queda en el aire, dejando abierta la continuación de su relación.