En la sede, la Sra. de Quiroga interroga a un hombre, Pablo Lima: confirma que pertenece a la hermandad La Honradez, lleva un año, es menor de treinta y trabaja como matón. Tras la comprobación, la Sra. lo asciende a jefe de los matones; Pablo agradece. De pronto, otro miembro estalla, lo acusa de causar problemas en la sede, exige saber quién lo envió y ordena «¡Llévenselo!». Un testigo dice que la furia se notaba a tres kilómetros. Su ascenso se corta en seco y lo llevan, dejando incierto su destino inmediato.