Tras la muerte de Darío, un grupo enfrenta a Leo y exige ajustar cuentas: recuerdan un pacto de vida o muerte y piden vengar al caído. La señora de Quiroga insta a atacar juntos y algunos reclaman que la liga no puede perder el honor. Un responsable propone que el destino decida y anuncia: la segunda ronda le toca a Leo. La multitud lo empuja a pelear mientras corean ¡mátalo! y celebran cada golpe. El episodio culmina con Leo en el ring, obligado a combatir por su vida y la decisión final aún pende del resultado inmediato del combate.