Un hombre vende dulces especiales a un niño que nota que su ropa está rota, pero él asegura que solo se rasgó. Luego, en la calle, un hombre que trabaja como jalador enfrenta la presión del dojo Leondor, que exige una cuota de protección. Al principio, el jalador no sabe de qué se trata, pero al ver que muchos pagan, la amenaza se intensifica. Finalmente, un miembro del dojo lo confronta directamente para asegurar el pago, dejando al jalador con una decisión urgente que definirá su seguridad y libertad inmediata.