Yegad escapa tras un conflicto con sus perseguidores que lo quieren capturar sin permiso del rey. Lo confronta Fenrir, quien le reprocha haber ayudado a un hombre a tomar el trono y lo considera un perro callejero sin magia. Además, otros antagonistas ofrecen matar a la humana que es ama de Yegad para cobrar recompensa. Aunque Yegad está herido y rodeado, se niega a huir y acepta un destino común con Fenrir. La tensión crece cuando Yegad recuerda que su vida depende de un pacto de sanación, dejando en suspenso su próxima decisión vital.