Un sirviente llega desesperado ante el Emperador, alegando que la Emperatriz Leonor lo golpeó severamente tras fingir estar dormida para manipularlo. El sirviente intenta justificar sus acciones diciendo que solo aconsejaba a Leonor para evitar intrigas, pero ella reaccionó con violencia. Mientras discuten, insultos y acusaciones cruzadas intensifican el conflicto. El sirviente exige justicia y amenaza con morir si no la recibe. El Emperador accede a ayudarlo, pero la Emperatriz, desafiante, es arrestada y enviada al palacio abandonado, dejando abierta la tensión y las consecuencias de esta confrontación.