La emperatriz Leonor, recién dada a luz y visiblemente aumentada de peso, lucha por vestirse a tiempo para la ceremonia de lluvia. Llegando tarde, enfrenta miradas críticas y la rechazan incluso de su hijo Nico, quien evita subir con ella al altar. Mientras ella se esfuerza por mantener la compostura y cumplir con el protocolo, otros en la corte comentan su cambio físico y la distancia con el emperador. La ceremonia comienza con tensión creciente y la emperatriz pierde momentáneamente el control al olvidar contener la respiración, dejando en suspenso cómo afrontará las consecuencias inmediatas.