La familia está al límite por falta de dinero: el señorito Blanco insiste en apostar fuerte y persuade para que le presten más, acepta préstamos y entrega dinero a un hombre en la calle. Su pareja le advierte que el banco no presta y le pide que deje de jugar; él confiesa que finge jugar para sacar plata. Al mismo tiempo piden a Silvi que cambie la cura del padre; al tomarle el pulso concluye que es solo un bloqueo de meridianos, no algo grave. Queda decidir si los préstamos y la maniobra de Blanco resolverán o empeorarán la situación.