Durante una comida familiar, Silvio sorprende al llamar “mamá” a doña Mía por primera vez, rompiendo la distancia previa. El conflicto inmediato es económico: la familia necesita dinero para el tratamiento del padre y doña Mía entrega los ahorros familiares. Ella delega a Silvio la administración del hogar y le pide que deje los gastos innecesarios. Silvio acepta la responsabilidad y promete asegurar el bienestar de Reni y de la familia; los presentes notan su cambio. Justo entonces llega el padre y dice que vino a verlo, obligando a enfrentar de inmediato las consecuencias de ese nuevo compromiso.