El hijo del gobernador descubre que Elena le pidió matrimonio a un mendigo y se siente humillado porque ella lo ignora. Ordena a sus hombres investigar y eliminar al mendigo, pero insiste en que quiere que Elena se enamore de él por voluntad propia, no a la fuerza. Mientras tanto, compra a Elena y la prepara para un encuentro, exigiéndole que se case con él o quede sola para siempre. El mendigo, ahora vestido con ropa de marca, se muestra confiado y listo para enfrentarse a la situación, dejando en duda qué decisión tomará Elena ante este triángulo de poder y seducción.