Celeste sufre una anemia severa tras un susto que agrava su condición de salud. En el hospital, el médico alerta que necesita una transfusión urgente, pero su tipo de sangre RH negativo es raro y no hay suficiente suministro. Rafael insiste en donar su sangre, aunque Aurora, quien también tiene el mismo tipo, se niega porque está embarazada. Finalmente, la transfusión salva a Celeste, pero el médico revela que un daño en su útero por una caída hace cinco años podría impedirle concebir. El único remedio viables es un trasplante de útero, dejando la decisión crítica abierta.