Julia se esfuerza por cuidar a Javier, un hombre enfermo que parece ser un heredero, encargándose de su medicina y de comprarle bollos sin carne en una panadería muy popular al oeste de la ciudad. A pesar de sus tres trabajos, alguien la critica por seguir ayudando a Javier, recordándole su situación económica. Julia enfrenta largas esperas y desplazamientos para conseguir los bollos mientras Javier se lamenta por el retraso y los cambios constantes en las relaciones de alguien cercano. El episodio termina con la incertidumbre de cómo Julia manejará las nuevas presiones y responsabilidades.