Florencia desafía las expectativas al llevarle agua común a Santiago, un joven de alta sociedad que solo acepta agua importada. Su acción sorprende a quienes la conocían como alguien que lo odiaba y genera rumores sobre su cambio de actitud. Leo advierte que la relación de Florencia con Santiago solo traerá humillaciones, pero ella insiste en buscar su atención. Santiago, inesperadamente, sonríe y acepta el agua, incluso invita a Florencia a comer pastel, dejando en suspenso si esta conexión transformará la dinámica entre ellos.