Tras diez años sin herederos, la ausencia de descendencia pone en peligro al imperio y desata tensiones entre Antonia y quienes la rechazan. Frente a una grave enfermedad que amenaza a Gabriel, su lealtad se enfrenta a amenazas y rechazos, intensificando los conflictos familiares y políticos. Mientras se planifica un banquete para atraer buena fortuna, Antonia se entera de que alguien cercano abandona su hogar para ser concubina de un magistrado, aumentando su desesperación. El episodio culmina con Antonia sintiéndose una carga, dejando en suspenso su futuro y el destino del imperio.