Un hombre ruega a una mujer llamada Princesa que libere a su madre, a quien ha capturado. Princesa exige que él se humille arrastrándose, haciendo cien reverencias y repitiendo insultos hacia sí mismo para considerar liberar a la mujer. Aunque el hombre accede y suplica perdón con sumisión, Princesa revela que solo está jugando con ellos y decide continuar con su plan de torturarlos para calmar su odio. La situación se intensifica cuando otro personaje intenta detener a Princesa, dejando en suspenso el destino inmediato de los cautivos.