Sofía pide ayuda a su madre porque Diego, su esposo, la ha golpeado para complacer a su jefe. Sofía se niega a aceptar la violencia, pero su madre insiste en que deben soportar la situación por el bien de la familia, recordando que Diego es un hombre importante con el apoyo de su fábrica y que su hermano menor aún trabaja para él. Sofía cuestiona el precio de esa lealtad familiar y expresa su desesperación ante el abuso continuo. Al final, alguien decide llevar a Sofía de regreso a casa, dejando en suspenso su futuro inmediato bajo la presión familiar y marital.