Encadenado y pudriéndose en prisión, el Dios de la Guerra León recuerda cómo, tras treinta años de entrenamiento y la batalla contra la Serpiente Abisal, perdió su poder y cayó. Carceleros y ciudadanos lo humillan: lo acusan de matar a millones, lo llaman bestia y celebran que su hermano Tomás ocupe el mando; tiene treinta días hasta un juicio público y posible ejecución. Mientras recibe raciones y reproches por su pasado, el Sistema de Avatar detecta compatibilidad y realiza una vinculación al amo. Queda por ver qué significará esa unión para su destino.