El Dios de la Guerra está preso y un grupo de aliados irrumpe para liberarlo. Instalan un virus que congela las cámaras y lo guían por un túnel de mantenimiento hacia una moto con el tanque lleno, indicándole llegar al Bosque Brumoso para esconderse. Su salida parece lograda: agradece y parte antes del amanecer. Pero sus vigilantes confirman la trampa y deciden dejarlo alejarse para convertir su fuga en resistencia y un accidente mortal; uno jura matarlo personalmente, dejando su supervivencia inmediata en serio peligro.