En una celebración, una mujer sorprende a un obrero acusándolo de grabar bajo su falda; lo insulta, lo llama "pervertido" y lo amenaza si no da explicaciones. El obrero niega, muestra su celular vacío y la confrontación escala con insultos de clase y advertencias de represalia. Aparece Miguel Toro, vicepresidente del Grupo Quijas, y Yoli se presenta como jefa de ventas; la presencia del alto ejecutivo cambia el tono y obliga a disculpas por no reconocerlo. Alguien en la escena grita "Papá", y la acusación pública queda sin resolverse mientras se espera la reacción del padre.