Laura enfrenta acusaciones de exagerar el valor de su teléfono, que un hombre del Grupo Lima considera un simple dispositivo antiguo sin valor cercano a los 800 mil que ella reclama. La discusión escala cuando llega Miguel Paredes, vicepresidente del Grupo Estrella, revelando que el teléfono es una edición limitada con tecnología avanzada que activa una alarma tras un impacto. Se confirma que la reparación costará 500 mil, pero el teléfono vale mucho más. La visita inesperada de Paredes pone en duda las intenciones de ambos grupos, y la tensión queda abierta sobre el destino del costoso dispositivo.