Un grupo ataca al Señor de los No Muertos, jefe con 5 millones de HP. Leo, jugador número uno con la única mascota nivel A, coordina tanques, DPS y curadores. El jefe tiene robo de vida: cada ataque lo cura, y sin daño masivo instantáneo se recupera; cuanto más gente, más rápido sana. Usan ultimates pero el daño es insuficiente y la incursión colapsa. Entre gritos y retiradas, alguien declara: "Debo acabar con mis propias manos a estos dos traidores", dejando una amenaza inmediata sin resolver.