Ignacio, heredero legítimo del Grupo Rivera, enfrenta la injusticia de recibir solo un bono de 50 dólares después de aumentar las ventas en 5,000 millones, mientras que otros empleados reciben mucho más. Frustrado por el trato y la falta de reconocimiento, acepta una oferta de la señora Suárez con la condición de destruir la empresa. Presionado para demostrar resultados inmediatos, Ignacio promete revertir el poder dentro de media hora, amenazando con llevar al Grupo Rivera a la quiebra y poniendo en alerta a la directiva sobre su lealtad y capacidad real para cambiar el destino de la empresa.