Durante el funeral del padre de Carmen, ella enfrenta a un familiar que regresa solo por la herencia y la acusa de ser ilegítima. Él le ofrece comprar sus acciones, valoradas en 20 mil millones, por solo 15 millones, advirtiendo que la familia Mendoza no permitirá que las controle y que su vida podría correr peligro si no firma. Carmen duda, aunque le aconsejan aceptar por seguridad. Sin embargo, ella se mantiene firme y responde: “Entonces, ya lo veremos”, dejando el futuro de su herencia y su seguridad en suspenso.