Mateo regresa a casa tras años de sufrimiento, pero sigue sintiéndose rechazado por sus padres, quienes nunca lo miraron como a su hijo real. En medio de ese dolor, la familia Salazar anuncia públicamente que compensará a Mateo con una mejor vida y educación para que finalmente experimente la felicidad familiar. Sin embargo, la situación se complica cuando una persona en la escena acusa a otro de robar un reloj, lo que pone en duda la armonía recién prometida y abre un nuevo conflicto inmediato en la familia.