Clara recibe un regalo de joyería de su suegra, algo anticuado que ella rechaza inicialmente por ser muy llamativo. A pesar de la insistencia para que lo acepte como símbolo de bienvenida a la familia, Clara se muestra reservada y prefiere quedarse con la pieza menos ostentosa. Durante la conversación, una tercera persona interviene recordándoles que casarse no es fácil y pregunta si el esposo se comportó mal la noche anterior. Clara revela que no hubo problemas con él, pero la cama se rompió y no pudo dormir, dejando una incógnita sobre cómo afectará esta situación a la relación y la convivencia siguiente.