Un hombre llamado Sr. Díaz propone comprar un restaurante cuyo propietario duda debido a la baja reciente en ganancias. El comprador, confiado en el potencial del lugar, ofrece 8 millones de monedas siniestras, superando la cifra inicial de 7 millones, pero impone la condición de quedarse con todos los empleados, algo que sorprende al dueño. Este último expresaba la intención de vender y no hacerse cargo de los trabajadores, que además ya no recibe salario. El episodio termina con la aceptación de mantener a los empleados junto con la venta, dejando abierta la incógnita sobre las consecuencias de esta decisión.