Catalina decide no visitar a su abuela Celia y en cambio va a comer con su madre, donde un cocinero real lleva un banquete gracias a la ayuda de su tío Fernando. Catalina desprecia la posición de su padre, un general, y presume de ser la nieta del canciller, declarando su intención de usar su estatus para superarla. La tensión crece cuando alguien intenta intervenir, y finalmente Catalina va a ver a su abuela, donde se encuentra con su madre en una escena cargada de emociones. El episodio termina con un llamamiento desesperado a su madre, dejando la situación abierta.