En una habitación llena de cristales malignos, un grupo exige que les entreguen las gemas para que el señorito Enzo las redistribuya. Alegan derecho por ser el hijo de un jugador veterano y admiten que usaron a otros como carnada al expulsarlos. León se niega a ceder su cristal; la situación escala cuando alguien absorbe varias piedras sin permiso. Esa acción desencadena bofetadas y humillación como castigo por asustar a la hermana de León. El grupo amenaza con matarlos si ofenden al padre de Enzo, y la hermana grita '¡Leo, sálvame!'. Queda por decidir si León conserva su cristal.