En este episodio, Camila enfrenta la exigencia de cambiar su ropa vieja y desgastada, lo que revela tensiones sobre su estatus y recursos limitados. Ella descubre que su vestimenta de trabajo, gestionada por Patricia, su secretaria, ha sido usada para colocar micrófonos y rastreadores sin su conocimiento. Al confrontar a Patricia, Alejandro sale a la luz como quien ha espionado a Camila durante años. Alejandro amenaza con exponer sus actos ilegales y no quiere dejarla escapar, dejando en suspenso su próximo movimiento mientras Camila se resiste a ceder ante la amenaza inesperada.