Renata enfrenta una tensión inesperada al enterarse de que el presidente del Grupo Luján, su mayor accionista, la busca personalmente en el hospital. Recordando un incidente pasado que la pone en una situación delicada, teme que él haya venido a cobrar cuentas. El presidente la aparta para hablar a solas y le sugiere una 'terapia de estímulo', recomendándole buscar a una mujer que lo domine y eduque. Luego le pide que repita exactamente lo que sucedió aquel día, marcando un punto crucial entre confrontación y control que aún no se resuelve.