Una enfermera enfrenta la acusación de una mujer cuyo esposo desarrolló una infección urinaria después de una cirugía, atribuyendo la culpa a la negligencia de la enfermera por no haber revisado la habitación durante su turno. Sin embargo, la enfermera niega haber estado de turno esa noche y señala que otra colega, Renata, estaba encargada. La mujer responde con agresividad, acusándola de mentir y desatando un conflicto físico. La situación escala rápidamente sin resolverse, dejando en suspenso cómo se aclarará la responsabilidad por la infección.