Carlos regresa a casa tras cinco años y su padre le propone nombrarlo presidente del Grupo Gómez para que retome el control familiar. Mientras firma documentos importantes tras la muerte de su abuela, llega un repartidor que resulta ser su esposo, generando tensión con Laura, otra mujer en escena, quien cuestiona su relación y posición. Laura critica las diferencias sociales entre Carlos y un joven empresario exitoso, Pablo, y menosprecia a Carlos por su trabajo como repartidor. La confrontación termina con un tercero defendiéndolo, enfatizando que, pese a las diferencias, Carlos sigue siendo el esposo legítimo.