Lucas llega con una mordedura de serpiente y suplica ayuda a su madre, pero ella lo desmiente y lo humilla, ignorando la gravedad de su estado. Otro familiar intenta defenderlo, reconociendo a Lucas como hijo, pero la madre insiste en su favoritismo por Mateo, su hijo biológico. En el hospital, los médicos controlan el veneno, pero encuentran un problema grave que requiere un trasplante de médula urgente para salvarle la vida, además de un costo elevado por el tratamiento. De regreso en casa, Lucas es rechazado y obligado a encerrarse para reflexionar, sin apoyo ni esperanza clara.