Sara estudia en el salón porque no tiene cuarto; cuando llega la familia es reprendida por ocupar el espacio. El mayordomo dicta 'reglas' de etiqueta y la madre le ordena anotarlas: silencio para el señor, agua de manantial para la señora, gustos de Sofía. Sara se niega a comportarse como servidumbre: insiste en que vino a preparar un examen y amenaza con marcharse. Tras recriminaciones, alguien culpa al mayordomo y sugiere disculparse para proteger a Sofía. Al final Sara pide perdón y declara que quiere ir al colegio de Sofía, dejando su estancia pendiente de la decisión familiar.