El Sr. Mendoza irrumpe inesperadamente en el baño de mujeres, desatando desconcierto entre las presentes, que aseguran no haber hecho nada indebido. A pesar de las advertencias sobre la reputación de la empresa líder, él insiste y genera tensión al sospechar que alguien podría estar herido o en peligro, lo que él mismo confirma estar dispuesto a resolver. Mientras las mujeres intentan detenerlo, Mendoza se siente perdido y debilitado, y una persona le ofrece descansar y buscar a la Srta. Ríos, mientras él decide tomar cartas en el asunto personalmente, dejando el desenlace abierto a las decisiones que están por venir.