Un joven domador de los Luján exhibe ante un hombre de clase baja un slime que dice ser divino, de nivel S y de crecimiento ilimitado. Presumiendo su derecho, ordena al slime que ataque para matarlo. El slime no se mueve; el domador afirma que sus criaturas nunca le desobedecen y acusa al otro de no reconocer su grandeza. El hombre pregunta si lo vendió y niega que sea tan raro. La credibilidad del domador queda expuesta y quedan sin resolver: el origen del slime y la respuesta inmediata del comprador.