En este episodio, Doña Yoli, matriarca de la familia Ortiz, nombra oficialmente a Fernando, un niño de seis años que viajó en el tiempo y tomó el lugar del heredero, como nuevo jefe de familia para restaurar el legado ancestral. Sin embargo, algunos miembros dudan que un niño pueda liderar y cuestionan su capacidad, generando tensión. La situación empeora cuando Antonio, el hermano mayor y nieto biológico, aparece y desafía la legitimidad de Fernando como heredero. El conflicto entre los dos posibles sucesores queda abierto, planteando una disputa inmediata por el liderazgo familiar.