Tras la caída de una antigua lápida familiar, Antonio defiende a Fernando, negando que el niño haya provocado el incidente y atribuyéndolo al desgaste natural y un posible movimiento geológico. A pesar de la insistencia de Don Pablo en que el castigo de los ancestros es real, Antonio y otros cuestionan esta creencia, señalando la falta de castigo directo contra Fernando. Sin embargo, la preocupación crece al considerar que Fernando podría ser una carga para la familia y una amenaza para la sucesión, dejando abierto el conflicto sobre si debe permanecer en la familia y heredar la jefatura.