Con el dueño de la casa, Don Gael, fuera de viaje, Franco ordena a Celina encargarse sola de todas las tareas domésticas, ya que el resto del servicio fue enviado de vacaciones. Franco sospecha que Celina tiene un carácter problemático y pretende usar esta oportunidad para hacerla pasar un mal rato y que ella misma renuncie al matrimonio. Además le advierte sobre su supuesto pasado cuestionable. Obligada a cumplir, Celina enfrenta la presión de realizar todas las labores, incluyendo lavar ropa a mano porque la lavadora está descompuesta. El episodio cierra con ella aceptando el difícil reto que se avecina.