Celina aún no ha preparado el almuerzo al mediodía, lo que preocupa al señorito Franco. Él la busca y la confronta, acusándola de holgazanear, aunque Celina defiende que ha estado limpiando y que sólo sufre anemia. Franco la presiona para que trabaje más y desestima su condición, exigiendo que prepare la comida. Celina insiste en descansar, pero él le ordena regresar a sus tareas. La tensión crece cuando Franco decide reintegrar a las empleadas domésticas para controlar a Celina, y ella se propone mostrar su verdadero carácter frente a la autoridad del señorito.