Laura visita la residencia del Príncipe Alberto sin llevar postres, contrastando con sus visitas anteriores. Él le reprocha por fingir ser un extraño y aceptar casarse con el Príncipe Eduardo, su tío, decidido a dejarla atrás. Laura insiste en que no lo busca y revela que fue llamada por la Emperatriz para fijar la fecha de su boda, confirmado por Ama Diana y la propia Emperatriz. Frente a la negativa de Alberto, Laura mantiene firme su decisión, dejando en suspenso la tensión entre ellos antes de la inminente boda.